Tiempo,
que tratamos de no ver mientras pasa
embotados en el ajetreo de cada día
y sin embargo se nos cuela tan astuto
por entre las rendijas de las ventanas
para aparecerse una mañana en el espejo
y descubrirnos en el rostro sus marcas.
Pasado,
que se extraña a veces y otras se olvida
razones por las que somos quienes somos
y no somos lo que quizás pudimos ser,
ese que a veces regresa bien disfrazado
de nuevo presente que te obliga a pagar
los errores que dejaste olvidados atrás.
Futuro,
ese que no tienes y no sabes si vendrá,
del que nunca sabes si realmente existirá
por el que luchas con afán tantas veces
y otras solo esperas cansado a que llegue
el que quisieras que fuera mágico y eterno
y se descubre lentamente como un fraude.
Presente,
permanente y el único que te acompaña,
el que te puedes arrepentir de no vivir
o de vivirlo sin control y sin medidas,
ese que vuela cuando en realidad vives
escapándose con sus segundos infinitos
sin que tengas jamás forma de frenarlo.
Y sin embargo...
a pesar del pasado que no fue como quise
y no saber si el futuro será lo que quiero
te amo y te quiero en este eterno presente
porque eres parte inamovible de un pasado
que quiero fundir con tu alma en mi futuro
para cobrarle a la vida el tiempo robado.
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